Salida 03/04/26

Parte de mi familia vino a visitarme por semana santa, pero solo podían quedarse 2 días: jueves y viernes. Sabiendo eso, el plan de paseo iba a ser extremadamente intenso, no tanto en horarios o kilómetros sino en emociones. Aunque, claro está, ese deseo depende de que se den varios factores casi incontrolables.
El día jueves empezamos visitando la estancia «El Desafío», en la estepa, con uno de los dormideros de Cóndor Andino más grande y sobre todo el más lindo del mundo. El otoño nos asaltó de golpe y los ñires y muchas de las lengas presentaban un rojo furioso… pero la idea no es describir el jueves, sino el viernes.

Aunque para empezar el relato, debo decir 2 cosas fundamentales: en la estepa caminamos más de 6km, con un desnivel de más de 300 metros, y no vimos cóndores lo cerca que yo quería.
Con el cansancio acumulado, les prometí que al día siguiente íbamos a tener revancha.

Ahora si: viernes 03/04/26

Partimos hacia la montaña a media mañana, alrededor de 10.30 recién salíamos de casa. Ayer 40 kilómetros para el este, hoy serán 40 hacia el oeste. Otro paisaje, otro clima, otra flora, otra fauna, pero el mismo deseo y predisposición a disfrutar.

Antes de comenzar la caminata les marqué el punto al que íbamos a subir… sorprendidos, me siguieron.
¿Cóndores? solo uno extremadamente alto, muy lejos de nuestro futuro spot.

Entre Coihues, Arrayanes y Cipreses comenzó la caminata.
Algún rayadito por ahí, otro picaflor por allá y a reparo del viento, fuimos ascendiendo lentamente.
El clima ayudó a desabrigarnos, trepar supuso una mezcla de diversión, atención y freno del ritmo de caminata, que, quieras a no ayuda a no quedarse sin aire.

El paisaje es algo totalmente abrumador, que te deja sin palabras y que a cada paso decís «Wow».

Aparecieron 3 Jotes de Cabeza Negra, oportunidad para marcar diferencias con el cóndor: plumaje, tamaño, formas de vuelo, aleteo, etc.

Durante la subida, Flor encontró una Culebra Araucana bebé. Su cuerpo tenía el diámetro de un gusano, aunque era al menos 3 veces más larga. Hermosa, se escondió debajo de una piedrita y nosotros continuamos el ascenso.

Caminando entre cipreses, escuché un fuerte sonido, y al darme vuelta, un cóndor pasaba por encima de mi familia. Para cuando les avisé que miren para arriba, ya se había ido.
Frente a eso y siendo las 13.10hs y con el hambre que se hacía sentir, decidí desviarnos un ratito del plan original para comer algo y esperar a ver si algún otro cóndor nos visitaba.

Comimos liviano, aún nos faltaba ascender un poco. Ningún cóndor se hizo presente, así que, sin apuro nos dirigimos a nuestro punto final.

Llegamos allí alrededor de las 14hs, y vimos algunos cóndores volar algo lejos. Entre ellos una hembra adulta con las patas extendidas. Ellos hacen eso por 2 motivos: si hay mucho viento los ayuda a estabilizarse, o si piensan aterrizar en algún lugar…

Así se aproximaba ella, lista para posarse

Yo les contaba que había tenido varias experiencias de cóndores que, habiéndome visto, deciden venir a posarse cerca, mi mamá también aportaba porque en algunas ocasiones ella me acompañó en dichas experiencias… ¿y qué pasó?
Después de unas vueltas, esa hembra vino a posarse a pocos metros de dónde estábamos nosotros.
La emoción fue total.

Ya no era contarles lo que me había pasado, ahora era «vivan ustedes mismos esa experiencia».

Yo tengo la costumbre que, cuando un ave se acerca y posa cerca, le hablo. Quiero asegurarme de que me vio, y que realmente decide estar ahí. La saludo, le agradezco la visita y le dejo en claro que no soy una amenaza.

El contacto visual y la certeza de que no somos amenaza

Y allí se mantuvo unos 15 minutos. Para nosotros una eternidad. A veces nos miraba a nosotros, a veces miraba el paisaje.

Una vez que se fue volando, nos sentamos a almorzar. Vimos algunos cóndores volar muy bajo, y otros volar muy alto. Todos bastante lejos de nuestro lugar.

Así y todo ya estábamos más que contentos.

Pero…

No estabamos preparados para lo que estaba por suceder.

Apenas unos 25 minutos después, mi hermano y su novia, dicen: vino a posarse otro pero no lo vemos, quedó más abajo… y en eso llega el rey. Un macho adulto (de edad avanzada), y con un buche como nunca había visto.

Cóndor Andino, macho adulto, recién comido. Buche lleno, y rastros de sangre, tanto en la cabeza como en algunas plumas.

No habíamos terminado de sorprendernos de la situación, que el ejemplar que había aterrizado hacía unos segundos se le une… y resultó ser la hembra de antes.

¡Una pareja!

Ambos super comidos, ambos grandes de edad, ambos irradiando una paz indescriptible.
Nuevamente les hablé, y su silenciosa respuesta fue: acá nos quedamos sin problemas.
Y así fue como se empezaron a acicalar (acción de acomodarse y limpiarse las plumas). A mimarse entre ellos (siendo ella la más mimosa), y finalmente a dormirse.

Todas las acciones antes descriptas, se dan en un marco de total confianza, ya que al realizarlas, quedan vulnerables.

Y ahí estaba yo con mi familia, sentados, el sol en la espalda, la pareja al frente. Viviendo uno de los momentos íntimos más impactantes que haya tenido. Y esta vez no lo iba a vivenciar solo.

Momento de intimidad de la pareja

Pude contarles con lujo de detalles las diferencias entre machos y hembras. Hablar del plumaje, el peso, el tamaño, el buche, la cresta, el color de ojos, el color y largo del cuello. La diferencia de coloración general de la cabeza, los detalles en la cara. Cual es el oído, la narina. Las patas, los dedos, las uñas. Todo lo que se te ocurra, en vivo y en directo, a unos 6 metros de distancia, con 2 ejemplares vivos que decidieron, de toda la montaña, de todo su inmenso territorio, venir a descansar al lado nuestro.

Miradas que lo dicen todo

Si no crees en las energías, no hay prueba más poderosa que esta. Podrían haber ido más alto, más bajo, más allá o más acá. Podrían haberse ido al aterrizar, o podrían no haber aterrizado en absoluto. Y sin embargo se quedaron… 1 hora, 2 horas, 3 horas, y finalmente cuando empezó a oscurecer… nos fuimos nosotros y ellos se quedaron ahí durmiendo, en paz.

Él durmiendo
Ella durmiendo

Sabiéndonos elegidos, nos retiramos entre agradecimientos eternos y sonrisas infinitas.

Un ave sagrada para muchos, maltratada por otros, importante para la vida, y sin dudas mi favorita por lejos.
Gracias vida por otra experiencia inolvidable, pero sobre todo por haberme permitido compartirla en vivo con parte de mi familia.

Gracias Martín, Patricia y Flor.

6 comentarios en «Salida 03/04/26»

  1. Inés Alcaraz dice:

    Maravilla, merecida por cierto. Nada, que agregar. Gracias, por compartirlo, Facu

  2. Silvina Mabe BARTHE dice:

    Que maravillosa experiencia!! Que privilegio por Dios!

  3. Beatriz dice:

    Maravilloso Facundo, ya te reconocen y saben que no les haras daño por eso confian. Qué maravilla! Las fotos increíbles.

  4. Clau dice:

    Qué bendición haber vivido semejante experiencia! Gracias por compartirla

  5. Sil dice:

    Todo un reconocimiento a tu pasión condorera y al gran trabajo que realizás despertando conciencia y corazones!!

  6. Patricia dice:

    Que emocionante lo que narras!! Gracias por compartirlo

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