Salida 06/12/25

Día de calor en Bariloche. Pude salir después del mediodía, debido a reuniones laborales. El objetivo era pasar por 3 nidos de Carpintero Gigante (Campephilus magellanicus), para ver el estado de la nidada…

Al primer nido le dediqué apenas unos 20 minutos, durante los cuales no observé ni escuché nada, no solo en el nido en sí, sino tampoco en sus alrededores. Sé que 20 minutos en esta época es poco tiempo, pero necesitaba continuar con los otros.

Nido 1

¿Querés saber por que el bosque está perdiendo su flora nativa y el suelo se está degradando rápidamente? mirá la siguiente foto…

El calor se hacía sentir, y la mayor concentración de aves estaba cerca del arroyito. Allí se bañaban Cabecitanegra austral, Remolinera parda, Zorzal patagónico y Comesebo andino.

Continué mi recorrido, el calor realmente me sofoca, y tuve que parar varias veces durante el trayecto…
Al segundo nido le dediqué 2 horas reloj, sentado a varios metros. Ni en el trayecto de ida, ni durante esas 2 horas ni durante el trayecto de vuelta, vi o escuché rastros de la pareja. Así que quedo con una gran incógnita de que está pasando ahí…

Un poco mas allá una pareja de Cauquén real (Chloephaga poliocephala), vigilaba mientras sus 4 pichones comían tranquilamente.

Mientras observaba a esta familia, escuché vocalizar a los carpinteros detrás mío… me dije que quizás, la tercera es la vencida y que iba a ver al menos uno hoy…

Apuré el paso porque tenía una linda subida para llegar al último nido del día. No recordaba exactamente dónde estaba, pero la naturaleza me llevó a él. En un momento frené sospechando que estaba cerca, y vi pasar un insecto volando. Me volví a decir: la marca del insepto (si, como decía el chavo), y seguí esa «señal». 5 pasos más allá encontré el último nido. Asomado del mismo vi un Carpintero. Bajé la mochila, agarré la cámara y saqué la única foto de esta especie del día…

Un pichón macho se asoma… no le falta demasiado para abandonar el nido e intentar sobrevivir en este bello pero difícil mundo.

Y ahí me quedé una media hora más, esperando a ver si llegaban los padres a alimentarlo, o si él, de curioso decidía volver a asomarse. Ninguna de las 2 cosas sucedió y yo decidí volver a casa antes de que el tráfico de un día de playa, haga que tarde el doble o triple de lo habitual.

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