Salida 07/12/25
Lo bueno: el paisaje, los bichos, todo lo que viví.
Lo malo: los tábanos, seres insoportables.
A mejorar: algunas personas que me crucé en el camino.
Para estas fechas, la floración del Lupino alcanza su punto máximo, coloreando ciertos lugares con una belleza increíble y atrayendo un montón de polinizadores, tanto nativos como exóticos.
El objetivo era justamente disfrutar de ambas cosas, y sumarle todo lo que la bendita y sabia naturaleza siempre me regala.





Luego de un rato dando vueltas entre los lupinos, decidí continuar. Hacer fotos de insectos no es fácil, así que en ese lugar no logré mayor variedad que la mostrada.
La siguiente parada obligada es siempre Playa Negra, del lago Mascardi. Hoy planchado. Si bien había una pareja de Cauquén Real con 2 pichones, decidí seguir de largo, porque andaban inquietos con cada vehículo que pasaba.

De acá al área Los Césares no hubo paradas, poco tránsito por suerte.
El calor ya había aumentado un montón, así que momento de ponerse mucho protector solar.
Conozco un rinconcito donde hay mucho movimiento de insectos y ahí fui. Claro que también se encuentran los benditos tábanos, aunque no estuvieron taaaan pesados.
Quería hacer fotos tanto de las libélulas como de los caballitos del diablo para poder mostrar bien las diferencias, pero las primeras me fueron esquivas todo el día, asi que solo te puedo mostrar los segundos.
Si bien son similares, además del tamaño hay otras diferencias.
Caballitos del Diablo: más pequeños, ojos al costado de la cabeza, y pliegan las alas al posarse.



También pude registrar lo siguiente:


Momento de partir y caminar en serio.
Y en el medio del sendero me crucé con esta polilla.

Y me fui a almorzar a:
Una vez que terminé, le dediqué un rato a intentar fotografiar a las Chicharras, también conocidas como cigarras.




De acá a la playa tenía un rato más además de vadear un frío arroyo.
Los tábanos seguían molestando, el sol quemaba y la tierra suelta ensuciaba.
Un Carpintero Pitío vocalizaba con mucho ímpetu cerca del sendero.


¿Podes creer que en un momento llegó una familia en lancha a los gritos y con la música al palo? Una cosa insólita. Te vas a la playa más remota, cuando llegas hay 1 sola persona acostada leyendo ¿y no tenes la amabilidad de hacer silencio? Por suerte a los 5 minutos se fueron por donde vinieron y yo pude continuar con mi disfrute.
De hecho, en la misma playa había una pareja de Teros que compartía conmigo. Pasaban por el agua caminando y buscando alimento. Se bañaban e incluso copularon.
Cerca de las 6 decidí que era momento de comenzar el retorno. Desde acá al auto tenía 1 hora de caminata.
En el camino otro Pitío, esta vez aún más cerca me permitió filmarlo y fotografiarlo.


Desde el auto a casa me esperaba al menos 1 hora más de trayecto. Por suerte la ruta estaba tranqui (salvo un gol que andaba apuradito y pasaba en doble línea, siendo un peligro para todos).
Objetivo cumplido como siempre: disfrutar de la naturaleza.
