Salida 22/11/25

En plena temporada de rastreo y ubicación de nidos de Carpintero Gigante (Campephilus magellanicus), empiezan a pasar cosas interesantes para dejar registradas.
Hace 20 días, y en otra salida, había marcado un posible nido. Los adultos habían ingresado en él, se notaba fresco, había chips de madera en la base del árbol… pero cuando mis compañeros de grupo pasaron por el sitio, no tuvieron más novedades, incluso ayer fui yo mismo y nada tampoco…
Eso me llevó a tomar la determinación de volver hoy con un solo objetivo: encontrar a la pareja y ver que estaba pasando.

En el trayecto me crucé con los restos de un Zorzal Patagónico (Turdus falklandii), depredado casi seguramente por una rapaz, aunque esta vez no hubo más rastros que los mostrados.

Dejé ambos restos sobre un tronco, en lugar del medio del camino dónde los había encontrado

Subí hasta el supuesto nido y me senté a la espera de alguna señal que me de alguna pista.
Es increíble como los carpinteros en esta época son sumamente silenciosos, prácticamente no vocalizan e incluso sus picotazos apenas resuenan.
Desconozco el tiempo que estuve sentado oyendo solo al resto de las aves… hasta que por ahí escuché a mis espaldas un «doble golpe», sonido que realizan contra una rama o tronco seco con distintos propósitos. Conociendo el territorio, salir en busca del origen de ese sonido iba a ser pérdida de tiempo, así que, atento, continué sentado en mi lugar.

Volví a oír el doble golpe, aunque un poquito más cerca… seguí esperando…
Hasta que finalmente vi al macho volar a un árbol muy cerquita mío. Intenté forzarme a escuchar sus picotazos, pero apenas lo oí.
Detrás mío: él, frente a mi el supuesto nido… ¿Qué vas a hacer? le pregunté.

Y de golpe el carpintero voló ignorando completamente el nido y se fue ladera arriba.
Dos señales a tener en cuenta: la primera es que venía volando solo. Los carpinteros están siempre en pareja o familia en el caso de tener volantones o juveniles. La segunda es que tenía que estar yendo en dirección al nido para hacer el cambio de guardia con su pareja (para que ella salga a comer)… y si pasó de largo el supuesto nido, iba a tener que descartarlo y salir a buscar el real.

Foto del bosque y supuesto nido

Así que me puse la mochila y a patear ladera arriba.

Seguirlos en estas condiciones es difícil. Cuando vuelan los perdes entre los árboles y no te podes fiar mucho del sonido, porque apenas los escuchas (si es que lo haces).

Así que subí un poco, solo para perderlo nuevamente. ¿Qué hice? Me senté a escuchar lo más atento posible.
Al rato escuché a otro carpintero: era la hembra, que venía en la misma dirección que había tomado el macho. Podría haber pensado muchas cosas pero y por suerte (o experiencia), me imaginé que luego del cambio de guardia, la hembra había hecho un rodeo sobre mi posición y estaba retornando…
Suerte o no, ella voló a una lenga muy flaquita y apareció el macho. ¡Cambio de guardia!, pero de dónde… Esa lenga ya estaba marcada de temporadas anteriores. Los carpinteros no suelen reutilizar nidos, salvo que haya habido algún inconveniente.

Me senté entonces a cierta distancia a observar.

Anoté muchas cosas de ese día, aburrido para sacar fotos por el poco movimiento, pero entretenido para aprender.
Él pasó mucho más tiempo que ella afuera del nido en busca de alimento.
Mientras él estaba dentro, se lo escuchaba picotear, a veces suave, a veces fuerte. Pero en ningún momento se asomaba a tirar los chips fuera del hueco… ante la imposibilidad de ver dentro, no tengo mas que preguntas y ninguna respuesta. Mi teoría era que la hembra iba a volver y a encargarse de acomodar los chips para poder poner el huevo y comenzar la incubación…
El macho salió un par de veces del nido, a pocos árboles de distancia, y enseguida regresaba.

El macho se asoma, escucha y observa a su alrededor y de paso bosteza…

Al rato una serie de doble golpe ladera abajo comenzó a resonar. Parecían 2 distintos
En cuanto el macho lo escuchó, salió disparado en esa dirección. Es muy probable que un depredador haya aparecido por la zona.

Me quedé esperando que vuelva alguno, cosa que no sucedió…
Frente a este hecho, decidí bajar la ladera e intentar dirigirme hacia los doble golpe para dilucidar el misterio sobre lo que estaba pasando… pero durante el camino todo se silenció y no volví a escuchar nada.
Fueron muchas horas sentado esperando casi sin hacer nada. Creo que la próxima vez voy a llevar un trípode para tener la cámara acomodada, y un libro para los ratos donde los carpinteros cambian la guardia del nido y no sucede nada en el ínterin.

Independientemente de los registros fotográficos o fílmicos, cada salida da la oportunidad de aprender lo que sucede en el corazón del bosque.

Deja un comentario

error: @ Facundo Vital